lunes, 27 de julio de 2009

Estiramiento desde el más allá

El dedo se alarga impertinente y apreta la tecla negra. Ya le habían dicho varias veces que no la tocara, que no la presionara, que no lo hiciera. Pero esta vez se trataba de un dedo rebelde, difícil de convencer con amenazas y repeticiones someras.
Un zumbido meloso envuelve al ambiente. El dedo se retrae, despacioso. Todavía está cerca de la tecla negra, esa especie de botón plástico oscuro que le había prometido desde otro plano un cambio de esos abruptos, ansiados y terribles. Se vuelve a apoyar en la tecla: el zumbido se acelera. Al dedo le gusta este ruido. No sabe bien si es lo que está buscando, pero el ruido siempre es mejor que el silencio.

Se trata de un dedo fino, de piel translúcida, muy blanca. Las pequeñas ramificaciones venosas dibujan un rictus extraño a lo largo de esta pequeña extremidad. La uña, perfectamente recortada, viste un poco de tierra. Ese polvillo mortuorio tiene que ser del cajón funerario. Sí, debe de ser eso. El dedo insurrecto habrá rascado la contención de madera, incansable, y ahí estaba el resultado.

Ahora el dedo rebelde ha presionado la tecla. Una tecla negra, un botón tortuoso, que ha disparado un zumbido horrible. Al dedo le sabe a mil ángeles; todo, TODO, es mejor que el silencio. Eso es lo que el dedo piensa (si acordamos en que una extremidad tiene algún tipo de sensación racionalmente procesada). Este dedo al menos siente, eso no podemos negarlo. Y el dedo sintió tocar el botón, por algún mandato del más allá, y ahora está ese zumbido, completamente insoportable, que al dedo le sabe a música en el paraíso.

Si un psicólogo estuviera presente ahora mismo, el dedo correspondería a un escape poético pero imposible; aunque el dedo ha tocado el botón, el dedo no es el cuerpo, el cuerpo no es la persona. Eros es más fuerte que Tánatos, pero este último llega para quedarse y no hay forma de escaparse.
No hay forma.

Digo que es un dedo rebelde porque es casi como si no hubiera comprendido todavía que el botón negro no lo salvará de su destino; le han dicho que no lo toque, pero, oh paradoja, él no lo ha escuchado. Ha deseado con todas sus fuerzas que esto no sucediera, pero, oh destino fatal, él no lo ha sufrido. El dedo es un simple ejecutor, un pequeño reaccionario que ha sobrevivido por algún milagro estrafalario al oscuro universo del rigor mortis. El dedo es un simple dedo, que ha birlado las ingenierías de madera para escapar hacia el botón negro. Y ahora el botón negro zumba y el dedo se queda quieto, muy quieto, esperando.

El dedo es sólo un trozo de carne, que se estira desde las tinieblas para tocar por última vez el mundo de los vivos. Este dedo fantasmal ya no pertenece a la luz; y será mejor que nadie lo vea. Porque han dicho que no había que tocar el botón negro y él lo ha escuchado, pero ha sido su dedo el que lo ha obedecido.
Será el dedo el que reciba el castigo.

Si.
Será mejor que no lo vean.

Porque si la alarma, ese zumbido insoportable, sigue gritando a los mil demonios, no faltará mucho para que la dueña de la funeraria venga a ver lo que sucede, y si ve lo que sucede, y lo ve al dedo, no tardará en echarlo a la bolsa de basura, o peor, no tardará en regalárselo a su marido, ése que tiene pasión por los cuerpos muertos; y si eso sucede, allí terminarán las aventuras del dedo, en una danza eterna por el mar de formol, dentro de un frasco de pepinos agridulces vaciado para la ocasión.

domingo, 21 de junio de 2009

“MANO DURA”… ¿LA VERDADERA SOLUCIÓN? *


"Gustavo Lanzavecchia murió apuñalado el pasado día viernes 27 en su vivienda de Charcas al 3700 en la localidad de Lomas del Mirador, partido bonaerense de La Matanza, en un aparente intento de robo. El cuerpo del hombre fue hallado maniatado con precintos plásticos, flotando en la pileta de su vivienda. "
Su relación con la diva del espectáculo, Susana Giménez, hizo que el hecho tuviera una fuerte repercusión mediática. Las declaraciones de la exaltada “mujer televisiva” (“los que matan tienen que morir”) trajeron al tapete el tema de la pena de muerte y el tan consabido y conocido problema de la inseguridad.

Días después, los medios -que habían instaurado una especie de "escenario del pánico" en donde la muerte parecía volverse la única aliada de la justicia frente a la "situación de inseguridad"- reelaboraron esta noticia, y lo que en un primer momento pareció el colmo de la catástrofe, se transformó en un crimen ¿pasional? del que no se habló mucho más.
Aquí, una breve reflexión que busca producir segundas lecturas, calmar los ánimos y dejar de lado, de una vez por todas y para siempre la filosofía de la “mano dura”.

I - La pena de muerte


“Los que matan tienen que morir”
Ojo por ojo, diente por diente…
La Ley del Talión

Lo que Susana Giménez ha dicho frente a las cámaras de televisión resulta nefasto. No sólo por el tenor de su pedido sino por la liviandad de su opinión, su falta de reflexión, un verdadero “exabrupto opinológico” que ha traído el tema de la pena de muerte al debate mediático.
Los medios hablan, la gente opina… pero, ¿cuánto sabemos sobre la pena capital?
La pena de muerte es “la sanción jurídica capital, la más rigurosa de todas, consistente en quitar la vida a un condenado mediante los procedimientos y órganos de ejecución establecidos por el orden jurídico que la instituye”, y ha existido casi desde que el hombre es hombre.
En Roma, cuna de la filosofía del derecho, el primer delito castigado con la pena de muerte fue el Perduellio, por traición a la patria; con el paso del tiempo las leyes se condensarían en las XII Tablas, siendo la pena capital el castigo imperante. Delitos conocidos actualmente como patrimoniales, delitos sexuales, delitos contra la salud (como la embriaguez consuetudinaria), delitos de orden político y militar, o delitos que hoy se ubican en el fuero común y federal eran sancionados con la muerte. El delito de homicidio, por supuesto, se castigaba de esta forma también.
La pena de muerte aparece en su concepción como una aflicción, retributiva originada por la comisión de un delito, y está prácticamente en la totalidad de las leyes antiguas. Durante la vigencia de las XII Tablas, la autoridad podía dejar la aplicación del Talión al ofendido o a sus parientes, aunque existían funcionarios encargados de su ejecución.
La llegada del cristianismo, que predica el amor al prójimo realzando el carácter divino de la vida, sienta la base de las tendencias abolicionistas de esta sanción.
Luego del revuelo causado por sus declaraciones, Susana Giménez se retractó: dijo que no estaba a favor de la pena de muerte, por ser católica. Pero el tema quedó flotando y el pueblo parece estar a punto de pedir cabezas. Ante esto, el Ministro de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos, Aníbal Fernández, sostuvo que no es partidario de la condena capital, aunque sí cree necesario iniciar una lucha despiadada contra la inseguridad.
Y es allí en donde, en mi opinión, surge el verdadero interrogante: ¿Cómo se luchará? ¿Quiénes llevarán a cabo esta especie de cruzada que se presenta como una tarea mesiánica?

II – La inseguridad

“¡Hagamos algo para que ya no nos maten!”

Hace unos días atrás recibí un correo electrónico bastante interesante. Se trataba de una cadena titulada “Para frenar la matanza”. En ella se convocaba a todos los ciudadanos a una “protesta” contra la inseguridad que se desarrollaría de forma individual: bastaba con que cada persona saliera a cacerolear o tocara bocina a la hora pactada, para cumplir con el objetivo de “llamar la atención de los políticos, ya que éstos deben hacerse cargo de esta situación de inseguridad insostenible, imponiendo el estado de sitio si es necesario”.
Atención, porque este último detalle, que puede pasar desapercibido, es el punto clave de la cuestión, y tiene un tufillo extraño, que es necesario examinar.
La RAE define a la inseguridad como la falta de seguridad (valga la redundancia). Y la seguridad se refiere a la cualidad de seguro, es decir, a aquello que está exento de peligro, daño o riesgo. Algo seguro es algo cierto, firme e indubitable. La seguridad, por lo tanto, es una certeza.
Tomando esta definición como punto de partida, puedo acordar con lo que se me envió por mail: vivimos en una sociedad insegura. Pero no creo que sea insegura únicamente por la cantidad de delitos que se registran por día, no; considero que no es segura porque no hay certezas, no hay ningún tipo de exención de peligros o riesgos, sobre todo en las clases más bajas de la población.
Considero que la actual inseguridad se ha producido, como siempre, por una gestión política cuyos efectos inhumanos atacan y alteran a la población a todo nivel, en mayor o menor medida. El individuo tiene miedo y su sensación de inseguridad frente al prójimo aumenta. Es en este contexto en el que se invoca cual Ángel Salvador al Derecho Penal, que (paradójicamente) con violencia anulará la violencia.
Los pobres siempre han vivido en la inseguridad y en el miedo, pues son parte de una sociedad polarizada en donde los grandes grupos económicos ejercen una violencia cotidiana al delinear una esfera de excluidos sociales, todos ellos sectores desposeídos que "atacan" a las clases medias y altas. Es a ellos a los que apuntan las políticas de mano dura; es en ellos en donde radica la violencia y en donde el imaginario social deposita sus más oscuros temores.
Pero lo cierto es que, cuando se habla de inseguridad, se omite considerar a la violencia generalizada que se da entre los propios pobres y excluidos sociales que se victimizan entre sí, producto de la degradación social y la marginación, la frustración y el desamparo. En este caso, el tan ponderado sistema penal y más aún la policía se mantienen al margen, pudiendo incluso facilitar estos actos de violencia si significan algún tipo de rédito económico, o con la finalidad de solapar los delitos del poder, en especial los económicos.
Frente a esta desastrosa realidad socio económica, en donde más del 50% de la población se encuentra en la pobreza, pedir la pena capital como solución definitiva suena a algo estúpido.
Dudo de que una bota o un palo puedan solucionar inconvenientes estructurales que nos remiten al deterioro del sistema educativo, a las acérrimas condiciones de vida de la gran mayoría de la población, o a las falencias en el funcionamiento de las instituciones estatales.
¿Verdaderamente creemos que matar a dos o tres tipos significará un cambio en la situación actual?
¿Es la muerte la que nos salvará de la muerte misma?

III – El difícil arte de elaborar una reflexión


“¿Es posible hacer una lectura de la inseguridad y del delito no sobre las conductas de los vulnerados y marginados sino desde ellos, desde su mirada a la sociedad o al orden social?”
Juan S. Pegoraro


A veces resulta complejo pronunciarse frente a estas situaciones extremas. Pero la realidad que nos circunda nos llama a tomar decisiones.
Y estas decisiones, de acuerdo a mi opinión, no pueden ni deben estar ligadas a un incremento de políticas de mano dura. La situación de extrema pobreza y marginación en la que se encuentra sumida la gran mayoría de la población no es denunciada por los medios ni por las clases afectadas: los que no tienen voz podrán ahora tener castigo (si es que éste puede poseerse, si es que el sufrimiento es, en algún punto, una forma de posesión).
La importancia mediática que de pronto parece suscitar el tema ha hecho posible que el debate se instaure en las charlas de café o en las sobremesas. Fue durante una cena organizada por los padres de unos amigos en donde, en respuesta a mi visión sobre el asunto, se me puso sobre aviso: “Vos pensás así porque no te tocó de cerca. Pero lo cierto es que, si te llegan a matar a un padre, a un hermano, o a un hijo, lo único que tenés que hacer es matar al desgraciado asesino”.
No voy a cuestionar el dolor de la pérdida, ni voy a desmerecer el juicio de valor del que “estuvo cerca”. Pero la dicotomía en la que los medios encasillan al debate (Pena de muerte: ¿en contra o a favor?) hacen que la discusión se simplifique; y cuando la cosa tiende a la simplificación, lo más indicado parece ser “palo y a la bolsa”.
Es por esto que considero necesario ponerle freno de mano a la opinión fácil. Como ciudadanos debemos adoptar la responsabilidad que implica el desarrollo de una visión crítica; debemos ser capaces de diferenciar los hechos y de establecer propuestas que nos lleven a una verdadera solución de base, y no a un mero aplastar cabezas.
La situación tiene sus raíces en procesos socio económicos complejos, que sobrepasan y acogen en su seno a este contexto de violencia extrema. La imposibilidad de elección, las personas que mueren de hambre, las que no son capaces de proyectar un futuro más allá de sus narices, son aristas que deben limarse, y esto no se logrará con más violencia. Las aristas son filosas: aplastarlas con una bota sólo hará que fluya más sangre.
La suprema Corte de Justicia de la Nación es la que necesita reformas, pues es la justicia la que debe dirimir y administrar los delitos en un contexto democrático, no el bastón, no la cachiporra.
Incrementar las muertes (o lo que es incluso peor, propiciar una burocracia para que administre este castigo) no las frenará.
Por eso, hagamos algo para que ya no nos maten: tomemos las riendas del asunto desde nuestra responsabilidad cívica, y no nos dejemos azuzar como perros, pues corremos el riesgo de terminar mordiendo nuestras propias colas.


Por Sonia Alejandra Sorriente

martes, 10 de febrero de 2009

ILUSIONES

Inicios
Destellos
Reflejos de un algo que se encorva y que restalla
Ya he vivido esto antes, lo presiento
(lo conozco)
Pero lo inconcluso aclama un cierre
un desarrollo
un desenlace
Porque quizá la angustia se deba a eso
a los inicios constantes de la nada misma
a las apuestas perdidas de antemano
(porque en verdad no se había apostado nada...)
a los destellos, a los falsos brillos de un recuerdo
que ya se desdibuja entre mis manos,
dejando surcos imborrables en la piel.

viernes, 5 de diciembre de 2008

Adentro de mi Cabeza

Parte III

Javier: (rompe el silencio mortal que acaba de inundar la sala) Yo tengo parte de culpa en esto… Yo fui el que le dijo en secreto a Raúl que todo estaba bien, que le diera para adelante. (Nadie lo mira) Quizás fue porque me envalentoné, porque de repente el de arriba me dijo que era yo el que tenía que empezar a tomar las decisiones… Y Raúl también acordó, por lo que hizo lo que yo quise, nada más y nada menos.

Omar: Si, Javiercito querido, si. Pero acá cuando yo dije “me estoy hinchando las pelotas” y vos me escuchaste y acordaste conmigo, Raúl no se enteró ni tomó partido al respecto. De hecho, todo lo contrario, ¿te acordás? Fue cuando la fractura. Hasta la gente de las otras cabezas nos dijo “muchachos, esto que pasó es el destino, aprovechen la circunstancia y déjense de romper las pelotas”. Nadie les hizo caso.

Raúl: Entramos en la misma, Omar. Es cierto, nadie los escuchó, pero acordáte de que acá todos los muchachos estaban con el póker a mil, nadie tenía cara larga.

Artista: Mentira, Raúl. En ese momento yo empezaba a perder mis cartuchos artísticos, y a vos no te importó demasiado. Agotar al grupo hace que a mí me de por la angustia existencial, y ya sabemos que eso no es bueno.

Javier: Es cierto, yo no lo puedo soportar. Cuando estamos con la cuestioncita esta de “angustia existencial”, mi razonamiento desaparece, y acordamos a principio de año que la cosa iba a funcionar como yo decía…

Muchachos, ¿qué fue lo que pasó?

Omar: No sé, Javier. Pero ahora que estamos todos más tranquilos… ¿Por qué no nos echamos un jueguito de póker?

Raúl: No, Omar, aprovechemos la charla, pero integrémoslos a todos. Muchachos, ¡acérquense!

(los tipos tirados alrededor de la mesa se acercan y se sientan, con expresión amistosa)

Omar: Ahora que todos estamos más tranquilos porque las obligaciones han finalizado, aprovechemos para tomar una copita…

Javier: Brindar por lo que viene…

Raúl: Y no perder las expectativas ni las metas…

Artista: Recordando siempre que la mejor de las sonrisas es aquella que nos lleva a la libertad.

El resto de los personajes sonríen. La Gula se aleja en un rincón con un sánguche de mortadela. El Avaro tiene dos copas de ginebra y mira a su alrededor con recelo. El Amante se ha perfumado y se pavonea, aunque nadie le da pelota. A la Envidia no la han dejado sentarse a la mesa, pero Raúl le da una copita pequeña porque reconoce que siempre está allí para acompañarlos. El Deseo tiene la botella en la mano y la empina mientras se ríe a carcajadas. El Soñador tiene los ojos como platos y mira a un gato negro que ronronea en uno de los colchones que hay tirados por allí.

Omar, Javier y Raúl se miran y sonríen felices. Cada uno levanta su copa para brindar con el vacío.

Los tres están decididos a darle batalla a esta cabeza que les ha tocado en suerte.-

Adentro de mi Cabeza

Parte II

Jugador I: Mirá, yo no quiero romperte los huevos pero la verdad es que te estás dejando. Y vos sabés muy bien que es un esfuercito más y san se acabó. No entiendo qué es lo que te cuesta tanto.

El Jugador II lo mira de reojo. Tiene ojeras violetas y la mirada profunda. Se rasca una ceja y lo mira fijo. Está por decir algo, pero se arrepiente. Está tan cansado que ni siquiera sabe si tiene sentido discutir.

Jugador I: Mirá, Omar, vos a nosotros nos tenés que decir qué carajo te pasa. Sino esto no va para ningún lado. ¿O no, Javier?

Javier, el Jugador III, está desconcertado. Lo mira fijo.

Jugador III (Javier): Si, si, es cierto, Raúl. Bah, bueno… No sé. Yo lo entiendo a Omar. No tengo nada para decirle. O sí. Qué se yo…

Jugador I (Raúl): Siempre tan indeciso vos. Saben, a veces pienso que tu indecisión, Javier, es lo que nos tiene en la lona.

Omar le clava la mirada. Raúl no baja los ojos. Tiene una actitud desafiante.

Jugador II (Omar): Mirá, Raúl, para mi tu prepotencia tiene un límite. Y si me preguntás a mí, lo que me pasa es que tengo LAS PELOTAS INFLADAS. Sí, si, no me mirés así. A vos también se te inflan, la única diferencia es que a vos te gusta. Sinceramente, a mí esto ya me tiene saturado. Y fijáte como solito vos no podés hacer nada.

Raúl lo mira con rabia, pero mantiene la postura. Eleva un poco el tono de voz.

Raúl: La cosa acá, querido, es que vos antes eras un lloroncito. Si no hubiera sido por mí, vos no salías de ningún lado.

Omar: Y te lo agradezco. Pero hace ya bastante tiempo que acordamos que lo que estabas haciendo había sido circunstancial, pero no era lo mejor. (Mira a Javier como buscando apoyo) Digo, no era lo mejor para ninguno de los tres.

El borracho de la punta se levanta y hace un mohín gracioso. Raúl lo fulmina con la mirada y el borracho se sienta. Antes de que alguno de los tres continúe hablando, levanta la botella de vino que tiene en la mano derecha, como si estuviera brindando con un ser imaginario.

Omar. En fin, como te estaba diciendo, Raúl… Es una pena, pero tengo las pelotas hinchadas, ¿me entendés? Yo sé que a vos te es difícil, porque a vos si no te pasa algo no podés estar tranquilo, pero a mí me parece que la cosa me funciona diferente. Me copa hacer ochenta cosas, bárbaro, me copa hacer ochenta más, pero ya 2500 me están rompiendo un poquitito las pelotas.

Y te digo, esto no es de ahora, pero por respeto a vos y a Javier, que está tratando de afianzarse en su laburo, no dije nada antes. Pero estas últimas semanas me destruyeron, de verdad que ya no puedo más.

Javier. Gracias, Omar. Yo te juro que trato. Trato de hacer todo lo posible, pero me cuesta. No sé porqué me cuesta tanto. Me alegra saber que vos cooperás.

Raúl: Acá todos cooperamos Javier. Lo que a mi me disgusta es que, aún a pesar de todas las pelotudeces que descubriste este año, sigas siendo el mismo pelotudo de siempre. Valga la redundancia.

Omar (le para la bocha) Pará, Raul. ¿No te das cuenta de que no todo es pum, pam pim? A vos porque te resulta fácil, al que se te mete en el medio le ponés un golpe y se acabó, pero acá la joda es distinta.- Date cuenta, si Javier fuera igual que vos, estamos todos cagados. (Mira al fondo. El Artista, La Gula, El Avaro y el Amante lo miran sin expresión) Todos ustedes, muchachos, ni existirían. Para que sepan.

Los tres se quedan en silencio. Raúl se sirve un vaso de ginebra y se lo manda de un saque. Las cartas de póker están desparramadas por la mesa. Javier mira fijo la ginebra que quedó en la botella. Parece estar pensando en algo pero es muy tímido y le cuesta terminar un razonamiento. En realidad sufre de cobardía y la actitud de Raúl no lo ayuda. Desde el fondo, el Artista (que está borracho) se dispone a contestarle a Omar. Tiene una camisola verde y un pantalón a rayas, y el pelo largo y desprolijo.

Artista: Tenés razón, Omarcete querido! Vos tirále algo a los perros de acá atrás. A mi se me terminaron las hojas y me acabo de leer el último libro. Vos te das cuenta, el día ese en el que Raúl estaba todo histérico…

Raúl (enojado): ¿Cuándo, pibe? Acá no hablés demás, vos sabés que te respeto mucho, pero hace rato que te la pasás fumado y te cuesta la creación. Esta cuestión no tiene que ver únicamente conmigo y mi prepotencia, si yo no estuviera vos seguirías drogadísimo, y la creatividad ahí se te convertiría en angustia existencial. Está muy bien que tengas que laburarla, sabés.

Artista: Raúl, no me jodas. Hace rato que no podemos leer un libro. Vos con tus ochocientas mil obligaciones y la puta que te parió. Quiero sentarme a leer un libro y la cabeza no funciona. ¿Me estás jodiendo? A principio de año dijiste que este año no iba a ser como el pasado, y mirá. Tenías razón, fue peor.

No, si sos un hijo de puta, vos.

Omar: Yo al Artista no lo defiendo pero un poco de razón tiene. Este año dijimos que la cosa se iba a tranquilizar y al final, al carajo con todo.

Raúl (se sienta, como cansado): Ya sé, muchachos. Lo que pasa es que estábamos todos tan contentos, que me pareció una boludez no aprovecharlo. ¿O me van a negar eso? Todos fantásticamente bien, jugando al póker…

Todos se miran, asienten con la cabeza, y se quedan en silencio.

Adentro de mi Cabeza

Parte I

El ambiente está cargado. Hay olor a cigarrillo y a medias viejas. En un rincón, despanzurrado, un almohadón de color rojo. Un gato duerme entre bollos de papel, viruta y polvo.

En el medio del ambiente, una mesa verde y roja. Sobre ella, una lámpara irradia una luz amarillenta que descubre paredes descascaradas. El cuadro de Cassius Marcelus Coolidge está despintado y cuelga medio torcido en la pared de la izquierda. Al fondo, una puerta de madera que rechina cada vez que se abre.

En la mesa hay seis sillas, pero sólo tres están ocupadas. Los jugadores han perdido la apuesta (o la han ganado), aún no se decide, y están discutiendo. Uno sólo está sentado a la mesa. Otros dos (los más importantes del grupo) lo recriminan desde el costado. Parece estar siendo juzgado, pero se defiende bien.

De entre las sombras de un pedazo de goma espuma amarillento, sale caminando tranquila una cucaracha. El Jugador IV (el Amante) está tirado allí. Se despereza y mata la cucaracha de un manotazo.

El resto de los tipos que están en la habitación lo miran. Ahora el Jugador I (que se llama Raúl) tiene la palabra, y el Jugador II (que se llama Omar) sabe que la discusión será para largo y tendido.

miércoles, 19 de noviembre de 2008

Reflexiones I, II, III, IV; V

"Según nuestro punto de vista, un alumno-artista no debe ser sometido a una iniciación estética donde el trabajo intelectual-filosófico y el trabajo intelectual-literario estén por encima del trabajo intelectual-sensitivo de las formas.
El artista genuino es un hombre libre y honesto. La honestidad artística es aquella posesión segura de la propia verdad, vivida y expresada a través de la belleza. Demos herramientas y enseñemos a trabajar al hombre honesto. El hará después las obras, que brotarán de su corazón".

En Montaje Cinematográfico. Arte de Movimiento., Rafael C. Sánchez

"En un libro sobre el amor que el hombre que hacía las casitas no conocía, que Octavio había comprado en una librería de viejo pero que jamás leyó, que Matilde vio leer reconcentrada a una joven en el colectivo 85, y que Perla perdió en una mudanza sin siquiera haber abierto sus páginas, podía leerse: "¿Por qué conservar y dejar envejecer lo que se tiene? ¿Acaso se conservan los autos viejos? Conservar lo que se tiene, es capitular frente a lo que no se tiene, es privarse, es disminuir, envejecer".
Las cosas pasan, y siempre dejan algo que se ignora. "

En Cuarteto para Autos Viejos, de Miguel Vitagliano
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I

Hace varios días que vengo pensando qué es lo que uno hace cuando vive.

La pregunta es sencilla, la respuesta es cuasi obvia: Cuando uno VIVE, lo que hace es VIVIR.

Así planteada, la cuestión parece una cosa de locos. Pero para mí no lo es.
Porque de verdad, en este momento del año, en esta etapa en donde todo parece ser una locura, me pregunto: ¿Es esto vida?

Hace ya varias semanas que me la paso corriendo. Nada termina, nada llega a su fin y estoy podrida, cansada y hastiada de lo que es, básicamente, mi vida.
¿Depresiva?

Puede ser, un poco. Hay algo en el aire que se repite y que aniquila las ansias de soñar. Hay algo que flota que todo lo ennegrece y es esa masa de aire caliente la que me deshidrata, la que hace que sienta que estoy encerrada, que nada de todo esto es lo que yo buscaba, que todo lo que hago es inmensamente inútil porque no soy feliz.

Y lo peor de todo es que busco salidas intelectuales, razonamientos lógicos. Lo cual es poco coherente. ¿Cómo buscarle una salida razonable a una rutina que tiene más de esquizofrenica que de normal?

II

Lo otro que venía pensando en el colectivo (uno de los pocos lugares en los que, a veces y sólo si estoy sentada, se me cae una idea) es que no tengo más vida que el estudio.

Patético.

Nuevamente, considero que es patético porque no me hace feliz. Porque nada en extremadas dosis puede ser bueno. Porque hemos llegado a un límite ineludible, del que siempre se puede escapar, claro.

Patético.

No estoy dispuesta a dar el brazo a torcer. Y tampoco decido aún si esa perseverancia (ese particular tipo de testarudez que me aqueja) es lo que lleva al triunfo (triunfo entendido aquí como alcance de esa felicidad que todo ser medianamente logico busca sobre la faz de la tierra).

III

En este momento existen ciertas confusiones inevitables.

La fatiga con la concentración.
El amor con el cariño.
La verdad con la certeza.

IV

Sánchez dice que el artista es un hombre libre y honesto.

La palabra libertad es la que aún me resuena en la cabeza.

Vitagliano advierte que conservar lo que se tiene es capitular frente a lo que no se tiene.

Capitular es la palabra clave.

V

No rendiré mis fuerzas a la angustia y al vacio. Yo me tenía y asi como era me he perdido.

Me he perdido para reencontrarme con algo nuevo. Que requiere de valor y coraje. De responsabilidad y respeto.

Un algo nuevo que todavía promete felicidad.